127. Y [recuerden] cuando Abraham e Ismael levantaron los cimientos de La Casa, dijeron: “¡Oh, Señor! Acepta nuestra obra. Tú eres el que todo lo oye, todo lo sabe”.
128. “¡Señor nuestro! Haz que nosotros nos entreguemos a Tu voluntad, y que nuestra descendencia también lo haga [como una nación de musulmanes]. Enséñanos nuestros ritos para la peregrinación y acepta nuestro arrepentimiento; Tú eres el Indulgente, el Misericordioso”.
250. Al enfrentarse a Goliat y sus soldados suplicaban: “¡Señor nuestro! Danos paciencia, mantennos firmes y concédenos la victoria sobre los que niegan la verdad”.
286. Dios no exige a nadie por encima de sus posibilidades, a su favor tendrá el bien que haga, y en su contra tendrá el mal que haga. “¡Señor nuestro! No nos castigues si olvidamos o cometemos un error. ¡Señor nuestro! No nos impongas una carga como la que impusiste a quienes nos precedieron. ¡Señor nuestro! No nos impongas algo superior a lo que podamos soportar. Perdónanos, absuélvenos y ten misericordia de nosotros. Tú eres nuestro Protector, concédenos el triunfo sobre los que niegan la verdad”.
147. No pronunciaban otras palabras más que: “¡Señor nuestro! Perdona nuestros pecados y nuestros excesos. Afirma nuestros pasos y concédenos el triunfo sobre los que rechazan la verdad”.
191. que invocan a Dios de pie, sentados o recostados, que meditan[1] en la creación de los cielos y la Tierra, y dicen: “¡Señor nuestro! No has creado todo esto sin un sentido. ¡Glorificado seas! Presérvanos del castigo del Fuego.
192. ¡Señor nuestro! A quien condenes al Fuego lo habrás deshonrado, porque los opresores no tendrán quién los auxilie.
193. ¡Señor nuestro! Hemos oído a quien convocaba a la fe, diciendo: ‘Crean en su Señor’, y creímos. ¡Señor nuestro! Perdona nuestros pecados, borra nuestras malas acciones y, al morir, reúnenos con los piadosos.
194. ¡Señor nuestro! Concédenos lo que has prometido a través de Tus Mensajeros y no nos humilles el Día de la Resurrección. Tú no faltas a Tu promesa”.
23. Ellos dijeron [arrepentidos]: “¡Señor nuestro! Hemos sido injustos con nosotros mismos; si no nos perdonas y no nos tienes misericordia, seremos de los perdidos”.
126. Solo te vengas de nosotros porque hemos creído cuando llegaron los milagros de nuestro Señor. ¡Señor nuestro! Danos paciencia y haznos morir musulmanes, sometidos a Ti”.
85. Dijeron: “En Dios nos encomendamos, ¡Señor nuestro! No permitas que nos domine este pueblo opresor.
86. Y por Tu misericordia, sálvanos de la gente que rechaza el mensaje”.
40. ¡Señor mío! Haz que tanto mis descendientes como yo seamos fervientes practicantes de la oración. ¡Señor nuestro! Concédeme esta súplica.
41. ¡Señor nuestro! Perdóname, así como a mis padres y a todos los creyentes el Día que se celebre el Juicio [Final]”.
10. Cuando los jóvenes se refugiaron en la caverna dijeron: “¡Señor nuestro! Acógenos en Tu misericordia y concédenos que nuestra situación se solucione correctamente”.
25. Dijo [Moisés]: “¡Señor mío! Abre mi corazón [y dame valor],
26. facilita mi misión,
27. suelta el nudo que hay en mi lengua[1]
28. para que comprendan mis palabras,
29. [¡Señor!] Designa a alguien de mi familia para que me ayude[1]
30. ¡Que sea mi hermano Aarón!,
31. para que con él me sienta fortalecido,
32. y asócialo en mi misión[1]
33. para que Te glorifiquemos
34. y Te recordemos mucho.
35. Tú bien ves que necesitamos de Ti”.
114. ¡Exaltado sea Dios! El único Soberano real. No te adelantes [¡Oh, Mujámmad!] a repetir lo que te es revelado del Corán hasta que [el ángel Gabriel] concluya [de recitarlo], y di: “¡Señor mío! Acrecienta mi conocimiento”.
87. El de la ballena [el profeta Jonás], cuando se marchó enojado [con la gente de su pueblo, que se negaron a creer en él], pensó que no lo iba a castigar [por no haber tenido paciencia, pero lo hice tragar por la ballena], e invocó desde la oscuridad [de su estómago]: “No hay otra divinidad más que Tú. ¡Glorificado seas! En verdad he sido de los injustos”.
109. Algunos de Mis siervos decían: “¡Señor nuestro! Somos creyentes, perdónanos y ten misericordia de nosotros. Tú eres el mejor de los misericordiosos”.
74. Aquellos que piden: “¡Señor nuestro! Agrácianos con cónyuges y descendientes que sean un motivo de alegría y tranquilidad para nosotros, y haz que seamos un ejemplo para los que tienen temor [de Dios]”.
19. [Salomón] al oír lo que ella decía, sonrió y exclamó: “¡Señor mío! Haz que te agradezca los favores que nos has concedido, tanto a mí como a mis padres, que haga obras de bien que Te complazcan, y cuéntame, por Tu misericordia, entre Tus siervos justos”.
24. Entonces [Moisés] abrevó al rebaño por ellas, y al terminar se retiró a la sombra y exclamó: “¡Señor mío! Realmente necesito cualquier gracia que me concedas”.
7. Los [ángeles] que portan el Trono, y los que están a su alrededor, glorifican con alabanzas a su Señor, creen en Él y piden el perdón por los creyentes, diciendo: “¡Señor nuestro! Tú lo abarcas todo con Tu misericordia y sabiduría. Perdona a quienes se arrepienten y siguen Tu camino, y presérvalos del castigo del Fuego.
8. ¡Señor nuestro! Introdúcelos en los Jardines del Edén que les prometiste, junto a sus padres, esposas y descendientes que fueron piadosos y creyentes. Tú eres el Poderoso, el Sabio.
9. Presérvalos de cometer pecados. Tú te apiadarás, cuando llegue el Día del Juicio, de aquel que haya sido preservado de cometer pecados. Ese será el gran éxito”.
15. Le he ordenado al ser humano hacer el bien a sus padres. Su madre lo ha llevado [en el vientre] con esfuerzo, y con dolor lo dio a luz. El período del embarazo y la lactancia dura treinta meses. Cuando alcance la madurez, al llegar a los cuarenta años, debe decir [en súplica]: “¡Señor mío! Haz que sepa agradecerte los favores que nos has concedido, tanto a mí como a mis padres, y que pueda realizar obras buenas que Te complazcan. Concédeme una descendencia piadosa. Me arrepiento a Ti [de mis pecados] y soy de los musulmanes”.
10. Quienes vienen después de ellos imploran: “¡Oh Señor nuestro! Perdónanos, a nosotros y a nuestros hermanos que nos han precedido en la fe. No infundas en nuestros corazones rencor hacia los creyentes ¡Señor nuestro!, Tú eres Compasivo, Misericordioso”.
4. Tienen un buen ejemplo en Abraham y sus seguidores, cuando dijeron a su pueblo: “Nosotros somos inocentes de ustedes y de cuanto adoran en lugar de Dios. Negamos que haya verdad en lo que ustedes creen, y comenzará la animadversión y el desacuerdo [en temas de creencia] hasta que no acepten que solamente Dios merece ser adorado”. Pero no hagan como Abraham, cuando le dijo a su padre: “Pediré perdón por ti, pero no puedo hacer nada por ti ante Dios”[1]. [Abraham oraba diciendo:] “¡Señor nuestro! A Ti nos encomendamos, a Ti pedimos perdón y a Ti volveremos.
5. ¡Señor nuestro! No permitas que los que se han negado a creer nos persigan, ni hagas de nosotros una causa por la cual se alejen [del Islam]. Perdónanos, ¡Señor nuestro! Tú eres el Poderoso, el Sabio”.
8. ¡Creyentes! Arrepiéntanse sinceramente ante Dios, puede que así su Señor borre sus faltas y los introduzca en jardines del Paraíso por donde corren ríos. Ese día Dios no avergonzará al Profeta ni a los que creyeron junto a él. Una luz se extenderá delante de ellos y a su derecha, y ellos dirán: “¡Señor nuestro! Auméntanos nuestra luz y perdónanos. Tú eres sobre toda cosa poderoso”.